Jueves 12 de Febrero de 2026

DEVOCIONAL

12 de febrero de 2026

El mensaje en palabras sencillas

Mateo 11:29
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras
almas.”

El mensaje en palabras sencillas Jesús no escribió libros. No citaba autores, no se refugiaba en el lenguaje complicado de los sabios. Hablaba en parábolas. En historias. En imágenes que nacían de la vida cotidiana: un sembrador, una semilla, una mujer que amasa, un hijo que se va. Su mensaje no bajaba desde un pedestal; brotaba del corazón de la gente.

Las palabras de Jesús no eran discursos, sino encuentros. No buscaban impresionar, sino despertar. Su modo de hablar era como su modo de vivir: cercano, honesto, directo. Y por eso, profundamente humano. Cuando hablaba del Reino de Dios, no lo describía con teorías. Decía: "Es como una red, como una perla, como un banquete, como una fiesta". Imágenes sencillas, pero llenas de sentido. No daba definiciones, abría puertas. Un lenguaje que conecta Las palabras de Jesús tenían sabor a pan, a campo, a casa. Por eso lo entendían pescadores, niños, madres, jornaleros. No hablaba para que lo aplaudan, sino para que lo comprendan.

Y eso exige humildad. Renunciar a lo rebuscado. Creer que lo verdadero puede ser simple. Sus parábolas no daban soluciones cerradas. Invitaban a pensar, a mirarse, a elegir. No eran cuentos morales, sino espejos. Cada oyente encontraba algo distinto, porque Jesús no imponía su verdad: la sembraba. El sembrador salió a sembrar. Algunos frutos crecen, otros no. El Reino se parece a eso. A una acción confiada, que no controla todo. Esa manera de hablar revela también su manera de vivir: Jesús confiaba en el tiempo, en el otro, en el proceso. La fuerza de lo pequeño Muchas de sus imágenes hablan de cosas pequeñas: una semilla de mostaza, un poco de levadura, una moneda perdida. Jesús valoraba lo mínimo. Enseñaba que el cambio no viene por lo grandioso, sino por lo invisible que crece desde adentro. Y eso también es humano: mirar lo simple, descubrir lo profundo en lo cotidiano, encontrar sentido en lo común. Jesús no escapaba de la realidad.

 

La usaba como materia de su mensaje. Hablar desde el corazón En tiempos donde las palabras muchas veces dividen, manipulan o vacían, el modo de Jesús sigue siendo un ejemplo. No hablaba para imponerse, sino para acercarse. No enseñaba desde la superioridad, sino desde la cercanía. Hoy también estamos llamados a hablar así. A usar palabras que unan, que alivien, que despierten. A dejar el lenguaje que excluye, y elegir el que abraza. No hace falta ser erudito para comunicar lo esencial. Hace falta ser verdadero. Hablar como Jesús es mirar a los ojos, usar ejemplos reales, no disfrazar lo simple. Es confiar en que cada palabra puede sembrar algo si nace del corazón. Porque cuando una historia toca, transforma. Jesús confiaba en la fuerza de las imágenes. En su poder para iluminar sin imponer. Y por eso, dos mil años después, seguimos recordando aquellas historias. Porque eran sencillas. Y porque eran verdaderas.

EZEQUIEL DICANDIA AUTOR DEL LIBRO: JESÚS EL HOMBRE POSIBLE

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